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Fundamentalistas de la innovación
Si existe un desafío realmente complejo para cualquier profesional es generar una innovación, hacerla realidad, darle vida, sacarla de la cabeza y meterla en la realidad de todos.
Me apasiona la innovación, esa complejidad de tener que pensar diferente, ver las cosas desde otro lado, no caer en la trampa de cualquier mente humana que lo lleva a uno a pensar por el camino de lo conocido, evitando siempre lo desconocido.
Innovar implica aceptar que uno va a encarar un proceso que no sabe cómo resolver pero que sabe, estará acompañado por una sensación de inseguridad todo el tiempo. ¡Pasar horas, días y hasta meses sintiendo esa sensación de “NO SÉ CÓMO RESOLVERLO, NO SÉ SI VA A FUNCIONAR porque nadie lo hizo” es realmente un desafío!
Sin embargo, estoy convencido de que cuando uno genera una innovación, triunfe o fracase, rompe la virginidad de convivir con esa emoción y termina siendo una droga terriblemente adictiva. Insisto, triunfe o no con su primer innovación. De hecho, hay un 90% de chances de fracasar en una primera innovación, ¡y lo digo por experiencia!
Un innovador es exitoso luego de saborear las mieles del fracaso, padecerlas y aprender MUCHO.
Hay tanto por innovar en nuestro país. La innovación no es en absoluto una virtud de los científicos. En realidad, no creo que sea una virtud sino más bien una actitud de vida. Un taxista puede innovar con su servicio, un maestro puede innovar con su método de enseñanza, un Gerente de Marketing puede innovar en el proceso de presupuestación, ¡y un publicista puede innovar en todo!
Ahora uno se pregunta, ¿más allá del romanticismo de la innovación, es realmente un negocio innovar? Estoy profundamente convencido de que sí, aunque hay que diferenciar el corto plazo y el largo plazo.
Quienes copian modelos, productos, campañas, estrategias, son los que más rápidamente acuñan papeles con la cara de Washington, porque el consumidor está mejor predispuesto, en primera instancia, para recibir lo que ya conoce. Es con lo que se siente más cómodo (al menos la mayoría). Lleva un tiempo decodificar lo nuevo, lo inexplorado. Ante lo desconocido, el consumidor tiene un primer momento de incertidumbre. Ahora, vencido ese momento, vencido el prejuicio del “¿qué es esto?”, vencida la resistencia del mercado, de los colegas y hasta de la propia familia del innovador, la cosa cambia. Y mucho. Hay que entender que el consumidor es una persona, y las personas viven motorizadas por sus emociones, por sus creencias y lo nuevo, siempre genera incertidumbre, dudas.
Pero en el largo plazo, el mejor de los negocios es la innovación porque los pocos fundamentalistas de la innovación son los que consiguen el valor más positivo y más deseado por la inmensa mayoría al momento de elegir una marca, comprar un producto o votar a un político:
EL SER ÚNICO.

Sebastián García Padín
Tom Peters: Innovation is Actually Easy!

